El río que fluye «cuesta arriba»: científicos proponen solución a un enigma de millones de años

El río que fluye «cuesta arriba»: científicos proponen solución a un enigma de millones de años

Felipe Espinosa Wang (con información de JGR y The Conversation)

Actualizado lun, 9 de febrero de 2026, 11:54 a.m. CST

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En geología hay reglas no escritas que rara vez fallan. Una de ellas es sencilla: en condiciones normales, un río se adapta al paisaje, rodea montañas, aprovecha depresiones del terreno y avanza por las pendientes más favorables a lo largo de millones de años.

Por eso, desde hace más de un siglo, el curso del río Green, en el oeste de Estados Unidos, ha desconcertado a los científicos. En lugar de rodear las montañas Uinta, en el noreste de Utah, como cabría esperar, el río las atraviesa, excavando el impresionante cañón de Lodore, de hasta 700 metros de profundidad, como si la montaña no hubiera supuesto nunca un obstáculo. ¿Por qué elegir un camino tan improbable cuando había rutas más sencillas siguiendo las pendientes naturales y evitando obstáculos?

Un enigma geológico de más de un siglo

El río Green recorre unos 1.170 kilómetros a través de Wyoming, Utah y Colorado antes de unirse al río Colorado, pero su paso por las montañas Uinta sigue siendo uno de los grandes enigmas geológicos de la región. Al fin y al cabo, estas montañas tienen unos 50 millones de años, mientras que el río solo fluye por esta ruta desde hace menos de 8 millones.

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Adam Smith, geólogo de la Universidad de Glasgow y autor principal del estudio publicado en Journal of Geophysical Research: Earth Surface, se propuso resolver este enigma: cómo un río terminó siguiendo una ruta aparentemente «cuesta arriba», como la ha descrito la universidad británica. Según explica Smith, esta cronología descarta la antigua hipótesis de que el río ya estuviera allí antes de que se levantaran las montañas.

El goteo litosférico: cuando la corteza terrestre se hunde

Para entender el fenómeno, el equipo de Smith recurrió a un proceso poco conocido llamado «goteo litosférico». Como expuso el investigador en un artículo en The Conversation, la corteza terrestre puede imaginarse como un trampolín: bajo las montañas, el peso y la presión generan minerales extremadamente densos en la base. Cuando ese material se vuelve más pesado que el manto caliente sobre el que descansa, empieza a hundirse lentamente hacia el interior de la Tierra, como una gota que termina desprendiéndose de un grifo.

Este mecanismo tiene consecuencias visibles en la superficie. Mientras se forma ese «goteo», la corteza es arrastrada hacia abajo y las montañas pierden altura de forma temporal. Pero cuando el material finalmente se separa y se hunde, la corteza se eleva de nuevo, igual que un trampolín recupera su forma cuando dejamos de presionarlo.

Los investigadores encontraron indicios coherentes con que algo así ocurrió en las montañas Uinta. Según sus cálculos, la cordillera descendió temporalmente unos 400 metros hace entre 2 y 5 millones de años. Fue durante ese período de hundimiento cuando el río Green habría podido establecer su ruta actual a través de la cordillera.

 

Pruebas sísmicas refuerzan la hipótesis

Las pruebas reunidas por el equipo son múltiples y apuntan en la misma dirección. Los investigadores identificaron un patrón de elevación en forma de «diana» alrededor de las montañas: el mayor levantamiento aparece en el centro y disminuye gradualmente hacia los bordes. Este mismo tipo de señal se ha observado en otras regiones del planeta donde se ha producido goteo litosférico, como la meseta de Anatolia Central, en Turquía, o la Sierra Nevada de California.

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A ello se suman las imágenes sísmicas, que revelan una anomalía fría y redondeada a más de 160 kilómetros de profundidad: probablemente el fragmento de material que se desprendió y se hundió, con un diámetro estimado de entre 50 y 100 kilómetros. Además, la corteza bajo las montañas resulta ser varios kilómetros más delgada de lo esperado, otra señal de que parte de la base de la corteza se perdió al hundirse hacia el interior del planeta.

Consecuencias continentales de un cambio geológico

Cuando el río Green logró finalmente atravesar las montañas Uinta y unirse al río Colorado, las consecuencias fueron profundas para la geografía de América del Norte. En lugar de dirigirse hacia el este y alimentar la cuenca del Mississippi, sus aguas acabaron fluyendo hacia el Pacífico, modificando la configuración de la divisoria continental.

Como explica Smith en un comunicado de la Universidad de Glasgow, este cambio «creó la línea que separa los ríos que desembocan en el Pacífico de los que desembocan en el Atlántico y estableció nuevos límites de hábitat para la fauna silvestre, influyendo en su evolución».

La investigación resuelve así un debate geológico que se remonta a 1876, cuando el explorador John Wesley Powell se planteó por primera vez este enigma al atravesar las Puertas de Lodore. Y, al mismo tiempo, muestra hasta qué punto los procesos que ocurren a decenas de kilómetros bajo nuestros pies pueden transformar el relieve, modificar redes fluviales y terminar condicionando la vida que se desarrolla en la superficie.

Un recordatorio de que, aunque parezca inmóvil, nuestro planeta sigue siendo un mundo profundamente dinámico.

 

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