La era Trump termina abruptamente y con paliza. Un EU progresista resurge con furia
El Gobierno de Trump y los republicanos llegaron a las elecciones en medio de críticas por el costo de vida que se elevó por el alto precio de la gasolina.
Ciudad de México, 4 de noviembre (SinEmbargo).– La crisis económica y política de Donald Trump terminó por pasarle factura al Partido Republicano, que perdió el dominio del Congreso de Estados Unidos en unas elecciones intermedias convertidas en una especia de referéndum sobre el segundo mandato del magnate. El encarecimiento de los alimentos, la gasolina y la vivienda, los aranceles que golpearon el bolsillo de las familias, las redadas contra migrantes y el rechazo a una política exterior marcada por las amenazas y la guerra alimentaron el descontento de millones de estadounidenses, que castigaron en las urnas al partido del Presidente y abrieron paso al avance de los demócratas.
En estos dos últimos años Trump se metió en América Latina, pero al final fue Irán el que terminó metiéndose en los bolsillos de los estadounidenses. Mientras el mandatario buscó imponer su poder más allá de las fronteras de Estados Unidos, con amenazas e intervenciones en la política latinoamericana y una guerra contra Irán que sacudió los mercados energéticos, las consecuencias de sus decisiones terminaron por alcanzarlo en casa. La gasolina se disparó, los alimentos siguieron encareciéndose y millones de familias no encontraron la prosperidad que les había prometido.
Así, el Presidente que regresó a la Casa Blanca presumiendo su capacidad para rescatar la economía terminó enfrentando un voto de castigo precisamente por aquello que había presentado como su mayor fortaleza. Al final, la explicación del revés republicano recordó aquella frase que marcó la campaña de Bill Clinton en 1992 contra George H. W. Bush: «Es la economía, estúpido».
El voto de castigo se tradujo en una victoria histórica para los demócratas, que consiguieron arrebatar al menos siete escaños del Senado a los republicanos y recuperaron la mayoría de la Cámara alta, de acuerdo con las proyecciones de Associated Press (AP) y Reuters. Los triunfos se registraron en Carolina del Norte, Carolina del Sur, Ohio, Texas, Kansas, Iowa y Maine, entidades donde los republicanos habían conservado una fuerte presencia electoral. En Texas, James Talarico derrotó al republicano Ken Paxton; en Ohio, Sherrod Brown venció a Jon Husted; en Kansas, Adam Hamilton consiguió la primera victoria demócrata al Senado desde 1932; en Iowa, Josh Turek arrebató otro escaño a los republicanos, mientras que en Maine, Troy Jackson derrotó a la veterana Senadora Susan Collins, poniendo fin a una trayectoria de tres décadas en la Cámara alta. A estas conquistas se sumó la defensa de escaños demócratas en Georgia y Michigan, donde Jon Ossoff y Abdul El-Sayed, respectivamente, se impusieron a sus adversarios republicanos.
El avance también se extendió a la Cámara de Representantes, donde los demócratas arrebataron más de 24 distritos a los republicanos y recuperaron la mayoría, de acuerdo con las proyecciones de AP y Reuters. Entre sus conquistas destacaron tres distritos de Iowa, un estado donde antes de las elecciones todos los representantes federales pertenecían al Partido Republicano, así como victorias en Texas, Indiana y otros territorios que habían respaldado a Trump en las presidenciales de 2024. Con estos resultados, los demócratas consiguieron recuperar el control de ambas cámaras del Congreso, por lo que el Presidente estadounidense enfrentará los últimos dos años de su segundo mandato con un Poder Legislativo dominado por la oposición, que tendrá capacidad para investigar a su Gobierno, bloquear nombramientos y frenar parte de su agenda política. La magnitud de la derrota republicana quedó reflejada en el avance demócrata incluso en distritos donde Trump había ganado por diferencias de dos dígitos apenas dos años antes.
El avance del progresismo en EU
La crónica de la derrota inició desde los primeros resultados que confirmaron el avance del Partido Demócrata en su intento por recuperar el control del Congreso. El exgobernador Roy Cooper arrebató a los republicanos un escaño en el Senado por Carolina del Norte, al derrotar a Michael Whatley, candidato respaldado por Trump. El avance demócrata se extendió a Carolina del Sur, donde Annie Andrews, una médica pediatra, derrotó a la republicana Darline Graham y consiguió arrebatarle al partido de Trump un escaño del Senado en un estado donde los demócratas no ganaban desde 1998. Con este triunfo y el de Roy Cooper en Carolina del Norte, la oposición sumó dos de los cuatro escaños republicanos que necesita conquistar para recuperar la mayoría de la Cámara alta.
Las elecciones intermedias también estuvieron marcadas por triunfos históricos. En New Hampshire, el demócrata Chris Pappas hizo historia al convertirse en el primer hombre abiertamente gay elegido para el Senado estadounidense. La comunidad latina también consiguió victorias importantes. En Nueva York, Claire Valdez, de ascendencia mexicana, ganó el distrito 7 de la Cámara de Representantes, mientras que Darializa Ávila Chevalier, hija de inmigrantes dominicanos, obtuvo el triunfo en el distrito 13. Ambas candidatas representan una nueva generación de legisladoras de origen latino que llegará al Congreso estadounidense. A estos triunfos se sumó la reelección de Alexandria Ocasio-Cortez, de ascendencia puertorriqueña, por el distrito 14 de Nueva York, así como la del demócrata Ben Ray Luján, de raíces mexicanas, quien conservó su escaño en el Senado por Nuevo México. También consiguió la reelección Ritchie Torres, congresista afro-latino de origen puertorriqueño que representa al distrito 15 de Nueva York.
En Míchigan, el demócrata Abdul El-Sayed, de origen egipcio, hizo historia al derrotar al republicano Mike Rogers y convertirse en el primer musulmán elegido para el Senado de Estados Unidos. El-Sayed, de 41 años, exdirector de Salud Pública de Detroit y defensor de las políticas progresistas, logró conservar para los demócratas el escaño que dejó vacante Gary Peters. Durante su campaña, El-Sayed defendió un sistema de salud universal, cuestionó la influencia de los grandes donantes en la política estadounidense y exigió poner fin a la ayuda militar de Washington a Israel. Su candidatura, respaldada por el Senador Bernie Sanders y por sectores de la izquierda demócrata, también estuvo marcada por los ataques de sus adversarios a su religión y sus críticas a la ofensiva israelí contra la población palestina en Gaza.
Las victorias demócratas también dejaron otros resultados históricos en Nueva York y Texas. En el primero, Aber Kawas, hija de refugiados palestinos y militante de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA), derrotó al republicano Han-Khon To en el Distrito 12 del Senado estatal, en Queens, y se convirtió en la primera mujer palestinoestadounidense y musulmana elegida para integrar la Legislatura de Nueva York. La activista, cuya trayectoria estuvo marcada por la detención y deportación de su padre, centró su campaña en los derechos de los migrantes, el acceso a la vivienda y la defensa de Palestina. Mientras tanto, en Texas, el cantante de música tejana Bobby Pulido derrotó a la congresista republicana Mónica de la Cruz en el Distrito 15 de la Cámara de Representantes federal, arrebatando a los republicanos un escaño que controlaban desde 2022, en una región de mayoría latina donde Donald Trump había ganado por 18 puntos porcentuales en las elecciones presidenciales de 2024.
Uno de los golpes más significativos para los republicanos ocurrió en Georgia, donde Keisha Lance Bottoms, exalcaldesa de Atlanta, se convirtió en la primera mujer afroestadounidense elegida Gobernadora. Bottoms, de 56 años, derrotó al empresario multimillonario Rick Jackson, quien invirtió más de 100 millones de dólares de su fortuna personal en la campaña, y se convirtió además en la primera demócrata en ganar la gubernatura de Georgia en más de 25 años. La candidata centró buena parte de su campaña en cuestionar las políticas de Trump, particularmente la inflación, el encarecimiento de los combustibles, las dificultades para acceder a servicios médicos y la guerra contra Irán. También defendió el derecho al voto de las minorías en un estado marcado por la lucha histórica contra la segregación racial. Su victoria representó un cambio político en Georgia, una entidad que Trump había ganado en las elecciones presidenciales de 2024.
Destacó además el triunfo del demócrata Deb Haaland, quien ganó la gubernatura de Nuevo México y se convirtió en la primera mujer indígena elegida Gobernadora de un estado en la historia de Estados Unidos. Haaland, de 65 años y perteneciente al pueblo Laguna Pueblo, derrotó al republicano Gregg Hull y sumó un nuevo hito a su trayectoria política luego de que en 2018 fue una de las primeras dos mujeres indígenas elegidas para la Cámara de Representantes y, en 2021, se convirtió en la primera persona indígena en ocupar una secretaría del gabinete federal, al asumir la Secretaría del Interior durante el Gobierno de Joe Biden.
Entre los triunfos de la comunidad latina también destacó el de la demócrata Gina Hinojosa, quien derrotó al republicano Greg Abbott y se convirtió en la primera mujer latina elegida Gobernadora de Texas, además de devolverle a su partido el control de ese estado después de más de tres décadas de gobiernos republicanos. Hinojosa, de 52 años y exlegisladora estatal, consiguió una victoria histórica en una entidad donde los demócratas no ganaban la gubernatura desde 1990.
En California, el demócrata Xavier Becerra, de 68 años y de raíces mexicanas, también hizo historia al convertirse en el primer latino elegido por voto popular como Gobernador del estado más poblado de Estados Unidos, tras derrotar al republicano Steve Hilton, exconductor de Fox News respaldado por Donald Trump. Becerra, quien sucederá al también demócrata Gavin Newsom, nació en Sacramento, hijo de madre mexicana y padre estadounidense criado en México. Su trayectoria política incluye más de dos décadas como congresista, cuatro años como Fiscal General de California y su paso como Secretario de Salud y Servicios Humanos durante el Gobierno de Joe Biden.
El avance demócrata provocó una reacción de Trump, quien arremetió contra Fox News, una de las cadenas de televisión que más ha respaldado su carrera política. El Presidente estadounidense publicó tres mensajes contra la televisora en apenas 95 minutos a través de Truth Social, molesto por las encuestas y la cobertura de las elecciones intermedias. Trump acusó a la cadena de estar en su contra, criticó a la comentarista Jessica Tarlov y envió mensajes directamente a Greg Gutfeld, uno de los conductores del programa The Five, para indicarle cómo responder a los argumentos de su compañera. «Cada pregunta es un ataque», escribió el mandatario al cuestionar las encuestas de Fox News, a la que también reprochó dedicar demasiado tiempo a los demócratas. Su enojo se produjo mientras los primeros resultados electorales mostraban avances importantes de la oposición.
«No me presenté a las elecciones y, de haberlo hecho, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría! Gracias por su atención a este asunto. Presidente DONALD J. TRUMP», escribió el Presidente de EU.
No obstante, Trump, aseguró la noche de este martes que aceptará los resultados. “Estoy totalmente dispuesto a aceptar esos resultados”, declaró en una entrevista con The New York Times, en la que insistió en atribuir los reveses republicanos a que su nombre no aparecía en las boletas electorales. Trump sostuvo también que no se arrepentía de haber respaldado a los candidatos derrotados y abrió la puerta a negociar con la oposición. “Trabajaremos con los demócratas y, como saben, esperamos colaborar con ellos. Probablemente llegaremos a un acuerdo”, afirmó desde la Casa Blanca, mientras seguía el conteo de votos.
Lo cierto es que el castigo electoral comenzó a perfilarse incluso antes del cierre de las casillas. La encuesta AP Voter Poll encontró que alrededor de seis de cada diez votantes desaprobaban el desempeño de Trump, mientras que siete de cada diez consideraban que el Congreso no había hecho lo suficiente para contener el poder presidencial. La economía fue identificada como el principal problema del país por el 39 por ciento de los entrevistados, seguida por el estado de la democracia, con el 32 por ciento. Además, una encuesta de The Wall Street Journal difundida antes de los comicios había colocado la aprobación presidencial en apenas 40 por ciento, frente al 59 por ciento que rechazaba su gestión.
El deterioro de la imagen de Trump representó un golpe particularmente importante porque afectó uno de los pilares de su éxito electoral: la percepción de que era capaz de administrar la economía estadounidense y mejorar el bienestar de la población. Jesús Gallegos Olvera, doctor en Ciencias Políticas y Sociales y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó en entrevista con SinEmbargo que el problema del mandatario no se limitaba a una caída en su popularidad, sino que alcanzaba su credibilidad política.
«Hay una popularidad en esta idea de que Trump no ha sabido manejar la economía y eso es algo importante porque sugiere que también ha cambiado el cuestionamiento sobre lo que se entendía de esta ventaja que él ofrecía a los Estados Unidos. Su fuerte era la economía y ahora la economía no le está ofreciendo estos referentes. Entonces, no solamente está en la popularidad que se está perdiendo, también está en la credibilidad, principalmente, que había generado este personaje y que funcionaba a partir de uno de sus principales activos políticos, que era su liderazgo, su éxito económico», expuso el académico.
Hogares resienten el costo de vida
La paradoja es que Estados Unidos llegó a las elecciones con indicadores de crecimiento económico positivos que, sin embargo, contrastaban con las dificultades de millones de familias. De acuerdo con la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA, por sus siglas en inglés), el Producto Interno Bruto (PIB) creció a una tasa anualizada de 3.4 por ciento durante el tercer trimestre de 2026, superior al 2.2 por ciento registrado en el trimestre anterior. Pero las cifras macroeconómicas no lograron disipar el malestar por los gastos cotidianos, en especial los relacionados con alimentación, vivienda, transporte y servicios médicos.
«Estados Unidos sigue creciendo, el PIB muestra datos significativos sobre este registro, pero los hogares no traducen ese crecimiento en bienestar. Es decir, hay una condición de percepción donde esto que se está observando sobre el PIB no es suficiente. Es decir, el votante en EU no se está preguntando cómo está creciendo el PIB por la producción que se hace, sino cuánto cuesta la gasolina, los alimentos, la vivienda, el crédito, la salud, que no alcanza con los ingresos disponibles», sostuvo Gallegos Olvera, quien definió el escenario como el de una economía que, pese a sus resultados agregados, era «políticamente mala».
Los datos del Pew Research Center ayudan a dimensionar ese descontento. Un estudio publicado el 14 de octubre reveló que el 44 por ciento de los adultos estadounidenses había experimentado dificultades para cubrir al menos una necesidad básica durante el último año. El 28 por ciento tuvo problemas para pagar atención médica, el 22 por ciento enfrentó dificultades con sus gastos de transporte y el 21 por ciento batalló para cubrir la renta o la hipoteca. A ello se sumó un 20 por ciento que reconoció haber recurrido a bancos de alimentos o despensas comunitarias.
Las dificultades económicas adquirieron una dimensión política particular porque Trump había regresado a la Casa Blanca con la promesa de reducir los precios que aumentaron durante la administración de Joe Biden. Sin embargo, los consumidores siguieron enfrentando altos costos en productos esenciales. La frustración por el precio de los alimentos, los combustibles y la vivienda se convirtió en un problema para los candidatos republicanos que buscaron defender la agenda presidencial durante las campañas.
Una de las políticas más cuestionadas fue la imposición de aranceles a productos importados, que Trump presentó desde abril de 2025 como una estrategia para recuperar la fortaleza industrial estadounidense.
La internacionalista Mariana Aparicio Ramírez, investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, explicó a SinEmbargo que las medidas proteccionistas terminaron trasladando mayores costos a los hogares, pese a que inicialmente algunas empresas intentaron absorberlos.<
"Al inicio de la aplicación arancelaria [las empresas] asumían los costos de los aranceles, sobre todo con bienes intermedios o de importación, pero eventualmente llega un momento en el que las empresas ya no pueden absorber esos aranceles y se lo trasladan al consumidor. Hay un incremento en la inflación y eso implica que la capacidad adquisitiva de las personas es mucho menor", explicó Aparicio.
Su diagnóstico coincide con investigaciones de la Reserva Federal, que han documentado cómo los aranceles de 2025 elevaron los precios no sólo de productos importados, sino también de bienes fabricados en Estados Unidos mediante el encarecimiento de insumos y la reducción de la competencia. Así, una política presentada por Trump como un instrumento de protección para la industria nacional terminó añadiendo presiones sobre el bolsillo de los estadounidenses.
Guerra y redadas le pegan a Trump
El otro gran golpe económico llegó desde Medio Oriente. La guerra que Estados Unidos inició junto con Israel contra Irán en febrero de 2026 provocó perturbaciones en el mercado energético internacional y contribuyó al encarecimiento de los combustibles. La interrupción del tránsito petrolero por el estrecho de Ormuz elevó los precios del crudo y sus derivados. En septiembre, el diésel llegó a costar alrededor de 6.52 dólares por galón, según cifras de la AAA citadas por Associated Press y Reuters, un incremento de aproximadamente 73 por ciento respecto del nivel previo al comienzo del conflicto.
La guerra también erosionó otra de las promesas centrales de Trump: evitar que Estados Unidos se involucrara en nuevos conflictos militares. Para Avelino Meza, secretario general de la organización binacional Fuerza Migrante, el encarecimiento del combustible y los alimentos terminó teniendo un peso electoral particularmente importante, incluso entre votantes que continuaron respaldando las políticas migratorias del Presidente.
"De las primeras acciones de la administración del Presidente Trump fue esta guerra arancelaria que impactó la canasta básica y que se agravó ya con los conflictos que tiene en el Medio Oriente los Estados Unidos y el encarecimiento principalmente del combustible. Eso sin duda ha sido el gran costo que tiene que pagar la administración Trump durante las elecciones intermedias, ya que su agenda migratoria no ha sido tomada negativamente por el electorado republicano en EU. Estamos visualizando que es el impacto en la economía más que las políticas migratorias", dijo Meza.
Pero las medidas contra la población migrante también tuvieron consecuencias económicas. El endurecimiento de los operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), particularmente en centros de trabajo, generó temor entre comunidades de trabajadores que participan en industrias como la agricultura, la construcción y el procesamiento de alimentos. En septiembre, Reuters documentó que los operativos migratorios en Kansas provocaron ausencias laborales y afectaciones en plantas procesadoras de carne, mientras que asociaciones agrícolas advirtieron sobre el riesgo de nuevas alzas de precios.
"Las medidas migratorias y los operativos de deportación han provocado que la mano de obra escasee, los trabajadores tienen miedo de asistir a sus empleos. Esto ha elevado los costos de operación de las empresas, lo que se traduce en una alta inflación y en un incremento sustancial de precios en sectores clave para la vida diaria, como el agrícola, los alimentos y el de la construcción", planteó Aparicio Ramírez.
Meza añadió que las redadas buscaron generar miedo entre las familias migrantes, incluso entre aquellas que llevaban años trabajando en Estados Unidos. "Las políticas migratorias están diseñadas específicamente para crear miedo, para provocar la autodeportación de cientos de miles de familias que han tomado la decisión de retornar a sus países de origen por temor a que sus familias sean divididas", señaló el representante de Fuerza Migrante.
…Y el costo político
El malestar social también estuvo acompañado por cuestionamientos a las prioridades presupuestarias y a los negocios de la familia presidencial. Mientras el Gobierno de Trump promovió recortes a programas de asistencia alimentaria y sanitaria, la coalición ciudadana Not Above the Law publicó en octubre el informe Let Them Eat Cake: Cost of Corruption, en el que estimó que la familia del mandatario había recibido más de 2 mil 900 millones de dólares en efectivo y obsequios desde las elecciones de 2024, provenientes de negocios vinculados con criptomonedas, acuerdos corporativos y otros mecanismos. Se trata de cálculos y señalamientos de esa organización, no de una determinación judicial de enriquecimiento ilícito.
El contraste se produjo en momentos en que millones de personas enfrentaban dificultades para pagar alimentos y atención médica. La legislación fiscal y presupuestaria promovida por los republicanos contempló reducciones del gasto federal destinado al Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) y a Medicaid, que da cobertura sanitaria a estadounidenses de bajos ingresos. Los demócratas utilizaron estas decisiones durante la campaña para cuestionar las prioridades de un Gobierno que prometía mejorar la economía, pero que enfrentaba críticas por beneficiar a grandes empresas y sectores de altos ingresos.
El resultado político de ese descontento se tradujo en una derrota histórica para los republicanos, que perdieron al menos siete escaños del Senado frente a los demócratas, quienes recuperaron la mayoría de la Cámara alta, de acuerdo con las proyecciones de Associated Press (AP) y Reuters. La victoria de Roy Cooper en Carolina del Norte fue el primer golpe, al arrebatar el escaño que había ocupado el republicano Thom Tillis. A ella se sumaron los triunfos de Annie Andrews en Carolina del Sur, Sherrod Brown en Ohio, James Talarico en Texas, Adam Hamilton en Kansas y Josh Turek en Iowa, todos en estados que habían respaldado a Trump en las elecciones presidenciales de 2024. En Maine, Troy Jackson derrotó a Susan Collins, poniendo fin a tres décadas de representación de la veterana republicana en el Senado. En paralelo, los demócratas conservaron escaños fundamentales en Georgia, donde Jon Ossoff obtuvo la reelección; Nuevo Hampshire, donde Chris Pappas derrotó al republicano John Sununu, y Michigan, donde Abdul El-Sayed se convirtió en el primer musulmán elegido Senador en Estados Unidos. Con estos resultados, el Partido Demócrata consiguió revertir la mayoría de 53 a 47 escaños que tenían los republicanos antes de las elecciones.
La derrota republicana también se extendió a la Cámara de Representantes, donde los demócratas arrebataron más de dos docenas de distritos a sus adversarios y recuperaron la mayoría, según las proyecciones de AP y Reuters. Las victorias se registraron incluso en territorios que Trump había ganado por diferencias de dos dígitos en 2024, además de que los demócratas se impusieron en las 20 contiendas consideradas especialmente competitivas que ya tenían un ganador proyectado por Reuters. Así, Trump enfrentará los últimos dos años de su Gobierno con ambas cámaras del Congreso controladas por la oposición, a partir de enero de 2027. Este nuevo equilibrio de poderes permitirá a los demócratas encabezar investigaciones sobre la administración presidencial, exigir documentos y testimonios de funcionarios, ejercer un mayor control sobre el presupuesto y frenar iniciativas legislativas de la Casa Blanca. Además, el control del Senado les dará capacidad para bloquear nombramientos judiciales y altos cargos del Gobierno, aunque Trump conservará su facultad de vetar leyes y recurrir a las atribuciones del Poder Ejecutivo para impulsar parte de su agenda.
Para Trump, el mensaje político de la jornada iría más allá del número de escaños conquistados o perdidos por su partido. El Presidente convirtió su figura, sus promesas económicas, sus decisiones militares y su política migratoria en los principales ejes de su segundo mandato. Las urnas mostraron así que una parte del electorado respondió a esa agenda con un voto de rechazo. La economía que Trump prometió rescatar terminó siendo uno de los principales motivos del castigo político que comenzaron a recibir los republicanos.