¿Por qué las personas mayores tienen problemas para dormir? Científicos lo aclaran

¿Por qué las personas mayores tienen problemas para dormir? Científicos lo aclaran
14/03/2026 – 10:34 pm
Al envejecer, el cerebro sigue necesitando descansar, pero le cuesta más trabajo hacerlo bien.
The Conversation

Al envejecer el cerebro sigue necesitando dormir para reponerse. Foto: Margarito Pérez Retana, Cuartoscuro
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Por Elena Urrestarazu Bolumburu
Londres, 14 de marzo (TheConversation).- Con el paso de los años, es normal notar que nuestro sueño cambia: dormimos menos horas, nos despertamos más durante la noche y nos cuesta más conciliar el sueño. De hecho, existe una idea generalizada de que las personas mayores necesitan menos descanso nocturno.
Sin embargo, la evidencia científica sugiere que el problema no es una menor necesidad, sino una menor capacidad para generar un sueño profundo y continuo. El cerebro envejecido continúa necesitando descansar, pero le cuesta más hacerlo bien.
Sigue “durmiendo”, pero lo hace de forma más superficial; es como si el interruptor que mantiene el sueño estable perdiera firmeza con el paso del tiempo.
¿Qué ocurre en el cerebro para que el sueño se vuelva ligero?
Uno de los principales factores del peor descanso con el avance de la edad es la pérdida de estabilidad del sistema que regula el sueño y la vigilia. En el cerebro joven, este sistema funciona como un interruptor firme: o estamos despiertos, o estamos dormidos.
Según cumplimos años, algunas neuronas encargadas de promover y mantener el sueño se van perdiendo, y otras que sostienen la vigilia también se debilitan. Como consecuencia, el cerebro cambia de estado con mayor facilidad, lo que favorece un sueño más ligero y fragmentado.
A esto se suma el envejecimiento del reloj biológico. El núcleo supraquiasmático, un grupo de neuronas que coordina los ritmos circadianos de todo el organismo, sigue funcionando, pero el día se vuelve más corto y se adelanta; además, su señal se vuelve menos intensa.
Esto favorece que las personas mayores tiendan a dormirse y despertarse antes, y explica por qué el sueño nocturno es menos consolidado y más sensible a estímulos externos, al tiempo que aumenta la somnolencia durante el día. El cerebro recibe una señal menos clara de cuándo debe dormir y cuándo mantenerse despierto.
Otro cambio importante afecta a la llamada presión de sueño, que se acumula a lo largo del día y nos empuja a dormir por la noche, y que depende en parte de una sustancia conocida como adenosina.
En el envejecimiento, el cerebro sigue acumulando cansancio, pero responde peor a esa señal. Aunque la necesidad de dormir sigue existiendo, le cuesta más traducirse en un sueño profundo y continuo.
Además, dicho sueño profundo, fundamental para la recuperación cerebral, también se ve directamente afectado por los cambios estructurales del cerebro. Esta fase del sueño se genera sobre todo en regiones frontales, que con la edad pierden grosor y conexiones.
Como resultado, las ondas cerebrales lentas que caracterizan el sueño profundo se vuelven más débiles y menos frecuentes, especialmente al inicio de la noche, cuando antes eran más abundantes.
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