“Mi esposo no conducía el tren”: esposa de funcionario detenido tras descarrilamiento

“Mi esposo no conducía el tren”: esposa de funcionario detenido tras descarrilamiento

En entrevista exclusiva con La Silla Rota, Mariana Mondragón, esposa de Ricardo Mendoza Cerón, asegura que su detención tras el descarrilamiento del Tren Interoceánico se basa en una versión tergiversada de los hechos; afirma que su marido no era maquinista ni tenía funciones operativas

Por CHRISTIAN GONZÁLEZ / CORRESPONSAL

Escrito en ESTADOS el 5/2/2026 · 18:47 hs

Última actualización:5/2/2026 · 18:49 hs

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Chiapas -“Mi esposo no es maquinista ni tiene ninguna responsabilidad operativa en el tren”. Así lo afirma Mariana Mondragón Sánchez al hablar del caso de Ricardo Mendoza Cerón, detenido el 27 de enero tras el descarrilamiento del Tren Interoceánico, el mismo que la Fiscalía General de la República (FGR) lo acusó de llevar la locomotora a exceso de velocidad.

 

En entrevista exclusiva con La Silla Rota, la esposa sostiene que la información sobre su participación ha sido tergiversada y que hoy enfrenta un proceso penal por homicidio culposo y lesiones culposas sin haber tenido funciones técnicas ni de control sobre la operación ferroviaria.

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La esposa del trabajador recluido en el penal del Amate, en Cintalapa, Chiapas, cuenta que sus labores eran administrativas y de manera esporádica Ricardo realizaba recorridos en la ruta, pero únicamente con fines estadísticos. No intervenía en la conducción, ni en decisiones técnicas, ni formaba parte de la tripulación del tren. Su trabajo, asegura, siempre fue distinto al de los maquinistas y del personal operativo.

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Ricardo Mendoza Cerón, originario de Acámbaro, Michoacán, se incorporó en junio del año pasado al proyecto del Corredor Transístmico como jefe del Departamento de Despacho de la Dirección de Operaciones. Tenía un cargo administrativo. “Él no sabe a qué velocidad va el tren ni puede ordenar que frenen”, explica Mariana.

Su labor, señala, se limitaba al manejo de datos: medición de tiempos, salidas y llegadas, y reportes estadísticos. Aunque su centro de trabajo estaba en Coatzacoalcos, Veracruz, donde fue detenido, en ocasiones se trasladaba al Istmo de Tehuantepec únicamente para realizar esas tareas. Hoy permanece recluido, junto con otro trabajador, en el Centro Estatal de Reinserción Social para Sentenciados número 14, conocido como El Amate.

Silencio oficial

Para Mariana Mondragón, la incertidumbre se volvió parte de la rutina. Ve a su esposo asustado, pero también molesto por un proceso que, dice, no entiende ni le corresponde. Insiste en que Ricardo estaba en medio de un cambio de funciones cuando ocurrió el accidente y que esa transición, de la que no conocen detalles, hoy los mantiene en vilo. “No sabemos quiénes ni por qué, pero eso nos preocupa. Él es administrativo, solo eso. Mi esposo es inocente”, repite.

 

La detención, recuerda, se realizó sin violencia. Desde entonces, no han recibido presiones ni amenazas, pero tampoco acompañamiento más allá del que les brinda un abogado de oficio. “No tenemos dinero para pagar un abogado particular. Es mucho. Solo en los traslados ya hay un gasto fuerte”, explica. Añade que la información que reciben sobre el caso es limitada y fragmentada, y que dependen casi por completo de lo que el defensor público logra comunicarles.

Antes de ser detenido, Ricardo acudió en tres ocasiones a declarar ante las autoridades como parte de las investigaciones por el descarrilamiento. Para Mariana, ese dato confirma que nunca intentó evadir a la justicia. Hoy, sin embargo, permanece recluido en El Amate, mientras su familia espera respuestas y enfrenta un proceso que, aseguran, no tendría por qué haberlo llevado a prisión.

Pasado sin cuestionamientos

Mariana está convencida de la inocencia de su esposo y espera verlo en libertad. Dice que Ricardo tiene una trayectoria sin señalamientos: antes había trabajado por 7 años en Ferromex, no tiene antecedentes y fue incorporado al proyecto del Corredor Interoceánico por su experiencia y desempeño. “Su historial está limpio”, repite, como si al decirlo pudiera sostenerlo frente al expediente que hoy lo mantiene preso.

La preocupación también es física. Ricardo padece neuropatía y problemas intestinales, condiciones que, asegura, se han agravado desde su reclusión. La familia ha puesto su confianza en las autoridades para que no sea sentenciado por delitos que, insiste Mariana, no cometió. Habla de angustia y de una zozobra constante, de días que se alargan sin respuestas.

 

Refiere que el abogado de oficio le ha dado señales de esperanza y que existen pruebas que deslindan a su esposo de cualquier responsabilidad. Recuerda, además, que tras el descarrilamiento, Ricardo pidió apoyo inmediato, incluso aéreo, para acelerar las labores de auxilio a pasajeros y compañeros.

El cierre de su relato vuelve al mismo punto: la incertidumbre. “No sabemos qué va a pasar”, dice. La vida cotidiana quedó suspendida desde la detención. Aun así, asegura que no lo dejarán solo. Es lo único que, por ahora, pueden sostener.

 

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