Acerca del Autor
Pues pasó lo que tenía que pasar y acá me tienen haciendo la breve biografía de Alejandro Islas. La versión resumida y desclasificada, por supuesto, ya que estas líneas son para toda la familia.
Unos dicen que es paisano de Colosio, y con ello aluden a que el Alex vio el smog primero en Magdalena, pero en la Magdalena Mixhuca o en La Magdalena Contreras.
Ambas versiones son falsas.
El señor es nativo de la no menos brava colonia Martín Carrera, en donde por razones aún ignotas, pegó la ídem cierto día en que, como sus ancestros, recibió un mensaje divino.
Llegó a Hermosillo hace ya muchos años y aunque nadie sabe exactamente cómo, la versión mas apegada a la realidad la ofreció Rubén Bastida, otro buen amigo que en algún lugar estará impaciente, por que ya se derrite el hielo de las caguamas con las que nos espera a festejar el tercer aniversario de su viaje.
El gordo Bastida dijo una vez que el Alex pertenece a una tribu que hace miles de años, echó a andar buscando un lago, un nopal y un águila devorando una serpiente.
Pero el lago se secó, el nopal ya no da tunas y el águila fue partida a la mitad de un patriótico machetazo foxista.
Los años de los 60 y principios de los 70 lo agarraron en su propia y original versión del Mosh, secuestrado en parvada un Ruta 100 (qepd), rumbo al auditorio Nacional, para acudir a lo que asegura fue el primer concierto de rock pesado en México, lo cuales un dato que pudieran rectificar los especialistas.
Así que el Alex agarró camino al norte, avisado que fue por esos dioses, de que el verdadero chuqui estaba en aquel lugar donde encontrara a un gordo empinándose una caguama.
He aquí que en una parte de su travesía, desde el techo de un vagón del ferrocarril carguero donde viajaba de trampita en su incesante búsqueda de la señal divina, ocúrresele voltear hacia el poniente.
Lo hizo justo en la curva que para por el vaso de la entonces presa y ahí divisó, sosteniendo con las paletas la pared frontal del periódico El Sonorense, al mismisimo Rubén mirando al cielo, como agradeciéndole a alguien por el milagro de un caguamón helado como el que se estaba pasando por el buche.
“¡Aquí es Guaymas!”, dijo El Alex, que sabía poco de la geografía local, pero algo tenía de vidente, porque el carguero ni siquiera pasa por el puerto, en el que después dejaría una parte de su vida.
Así fue que desde entonces , El Alex anda por estas tierras bregando en el mundo de la reporteada o incursionando en el negocio editorial, una durísima empresa donde solo sobreviven dos especies: La que tiene dinero o la que tiene vocación.
Y por lo regular estas condiciones no vienen juntas.
Así que a falta de lana, El Alex, le ha metido talacha a sus proyectos, modestos ciertamente, pero cuya existencia no se explicaría si no fuera por la perseverancia de este tenaz amigo.
Desde la marginalidad en que se mueven muchos medios impresos en la ciudad y en el estado, El Alex ha estado presente cuando no presta sus servicios para alguna empresa.
Lo marginal no es peyorativo. En este espectro caben muchas publicaciones de frágil economía, que hacen las veces de pequeñas empresas que en alguna medida dan sustento a dos, tres o más familias.
Desde ahí han salido algunos intentos editoriales previo a la incursión de El Alex en el género epistolar y en la práctica del pedaleo.
Cómo olvidar por ejemplo aquella publicación que en obvio d su periodicidad llevaba por nombre Siete Días, pero a la cual, por esas mismas razones críticas se vio obligado a editar cada quince y luego cada treinta.
Que se sepa, ha sido el único periódico en el mundo que, llamado Siete Días, se anunciaba en su directorio como una publicación quincenal y aparecía cada mes.
Hasta que desapareció en ese mar de crisis que ahoga a muchas publicaciones, excluidas del selecto grupo de medios grandes.
Pero El Alex no se arredró. Un día que pudo ser cualquiera, pero que fue el 7 de octubre del memorable año 2000, le asaltó el espíritu bicicletero.
Y se lanzó a la tarea de escribir y maquilar una hoja que posteriormente introducía en un sobre aéreo de esos que ya casi ni se ven en la era del e-mail, el Chat y el Messenger.
Y él mismo la distribuía a veces a pie, a veces en una Van aparatosa y deslavada azul y a veces en una popular y democrática bicicleta.
Desde entonces anda en eso. Duro y dale con Mi Carta de Hoy, como se llama esa hoja que circula en las oficinas más importantes del poder político, y que a las primeras de cambio hizo valorar la importancia de los medios marginales, al publicar su primera nota exclusiva.
Capitalizando las ventajas de quien es dueño de sus tiempos y sus medios de producción, fue el único que cubrió con oportunidad y puntería, los resultados de una sesión del Congreso.
No fue una sesión cualquiera. Fue el día en que sonora amaneció sin presupuesto, por que los señores legisladores simplemente no lo aprobaron en tiempo y forma, montados en el macho de sus inmediateces políticas, en una extraña alianza de los panistas de Hermosillo con los priistas cajemenses Francisco Contreras Vergara y Raúl Acosta Tapia.
El único medio que cubrió ese histórico momento, fue Mi Carta de Hoy, de donde los medios electrónicos, señaladamente la radio, tomaron y difundieron la noticia.
Desde entonces el modesto esfuerzo editorial ha pasado por más malas que buenas, pero permanece y se expande con el apoyo de los colegas, especialmente aquellos que en la radio multiplican las ideas, las notas y hasta los alucines siempre bienvenidos de Alejandro Islas, que hoy incursiona en la era del Internet con su Página www.micartadehoy.com
Va por un saludo y un abrazo.